"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

14 junio 2017

"La habitación", Jonas Karlsson

Se trata de una novela muy original en cuanto a su temática. Está narrada desde la primera persona de un empleado sueco, obsesivo y pedante, que encuentra en el piso de su oficina un cuarto en desuso en el que siente a gusto y puede descansar de la rutina. Escrita en un lenguaje sencillo y sobrio, en forma de capítulos muy breves, presenta un ritmo parejo y ágil que no se pierde en ningún momento. Más bien todo lo contrario: atrapa la atención del lector en cada secuencia, logrando asombrar con cada vuelta de timón de la historia.
La obra ha sido catalogada como divertida y surrealista, sin embargo -en mi opinión-  no se caracteriza por ninguna de estas cualidades. Sí está escrita con un fino humor, pero eso no la convierte sin más en una novela simplemente divertida, sino que se trata de esos textos que tienden a lo satírico (en este sentido, no sólo divierte, sino que interpela), desenmascarando aspectos oscuros de la vida laboral urbana, con un potente trasfondo de angustia, con la reflexión siempre presente acerca de qué significa la cordura en nuestra sociedad, quiénes pueden  erigirse como dueños de la verdad, cómo se comportan las personas frente a lo diferente y cuáles son los resortes que se mueven tras los grandes aparatos burocráticos en los que estamos inmersos. Por su temática tampoco es surrealista, ya que si bien coquetea con lo absurdo, no se describe nada que no pueda inscribirse tranquilamente dentro del ámbito de lo realista.

Me pareció un texto fresco y original que deja un sabor amargo, precisamente por ser capaz de vehiculizar cuestiones tan profundas de nuestra vida alienante y competitiva en las grandes ciudades. Su autor es un reconocido actor y dramaturgo sueco, algo que se llega a vislumbrar en el planteo de las escenas de la novela.
Un texto muy recomendable. 

Isaac Grunewald

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