"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

20 mayo 2017

"Las fidelidades", Diane Brasseur

Se trata de un texto ameno, muy rápido de leer. Escrito con lenguaje sencillo y despojado, se interna en las disquisiciones de un francés de clase media en relación a dejar a su mujer o a su amante. Me pareció una novela con una trama simple, trillada y plagada de lugares comunes. El hombre casado que tiene una amante veinte años más joven. La familia tradicional con su mujer de toda la vida e hija. Y el “amor” (?) por ambas, más precisamente, esa incapacidad de decidirse por una o por otra ya que, obviamente, perdería significativos privilegios en cualquiera de los dos casos (y la novela deja más que claro que el personaje lo sabe). 
Lo peor de esta obra me pareció sin dudas la elección del narrador: una mujer narrando en 1º persona desde la perspectiva del infiel es bastante absurda como para ser tomada en serio (aunque quizás es lo único que salva a la novela de ser tildada indefectiblemente de machista). 

El problema con la novela no estriba necesariamente en la burda exhibición de los pecados de la moral de clase media del siglo pasado, que bien podría ser leída como un clarísimo documento de época, innecesario y demodé desde el punto de vista literario, pero interesante. El problema creo que está en la parafernalia publicitaria en torno a la novela que nos quiere vender al texto como una "bella y sincera reflexión sobre la dolorosa naturaleza del amor.", o bien como "una bella historia de amor". También se incurre en otras falacias, como la de decirnos: "al dilema de conciencia se suma la angustia de la incertidumbre y de la pérdida". Cito: "¿Y si tengo un accidente cardiovascular? ¿Se quedará Alix conmigo? No quiero perderlo todo. ¿Nos exigiremos Alix y yo que nuestra inversión sea rentable? Puesto que yo me habré divorciado y ella creerá  haber roto una familia ¿decidiremos permanecer juntos a toda costa, incluso si ya no tenemos ganas y eso nos hace desdichados? En las horas más melancólicas (...) le parecerá a Alix que estoy avejentado? Y yo, me pondré a pensar en mi hija y mi mujer con nostalgia?" (pág. 79). Digo: ¿es lícito elevar al rango de "dilema de conciencia" estos cuestionamientos tan básicos y pragmáticos? Incluso, según la trama de la novela, veremos que es cuestionable el publicitado amor profundo por las dos mujeres.

Francois Roca, el ilustrador de tapa

Desde lo personal, hay fragmentos que me parecieron directamente risibles. El señor interpretando que ambas desfallecen de amor por él pinta un cuadro anticuado. No discuto el realismo de la pintura (porque lamentablemente aún se da esa forma de vivir las relaciones interpersonales), sino el ensalzamiento que se ha hecho a nivel crítica de un texto semejante, cercano a la caricatura. ¿Cómo puede la crítica elevar loas por tan pobre y tradicional cosmovisión de las relaciones amorosas? ¿No es injusto que a los lectores actuales se nos venda como gran "historia de amor" a una historia tan falocéntrica que deja tan mal paradas a las mujeres?
Hay dos largas escenas en especial que me parecieron especialmente chocantes: las suposiciones que hace en su mente el señor sobre las reacciones de su esposa ante un posible develamiento de su historia clandestina y el devaneo de la pobre amante ante la ausencia del querido. En ambas, el señor se dibuja como un semental de telenovela (a pesar de sus más de cincuenta años) que tiene a las dos mujeres en vilo, deseando ser la única, la elegida y la consorte. Creo que sería interesante decirle a Brasseur que en este momento de la Historia sería interesante leer historias donde las mujeres dejásemos de estar pendientes de si un hombre nos quiere o no como esposas. El modelo amoroso que describe esta autora está franca y afortunadamente en retroceso, sería bueno que la Literatura (al menos la que se edita en espacios como el de Salamandra) diera cuenta de eso.   

La crítica de Bertazza en Página/12 donde se dicen algunas cosas parecidas pero distintas a las dichas aquí: ELLAS Y YO

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